Es media noche, Amado se acerca silenciosamente a su esposa, y a su hijito y a su hijita, que duermen profundamente, y los besa en la frente con infinita ternura, mientras dos lágrimas se miran rodar por sus mejillas, y les dice en voz baja:

— Adiós esposa mía…adiós hijitos míos…ya no los volveré a ver…todo fue muy hermoso…pero ya se terminó…tal vez en la otra vida los vuelva a ver…

Luego sale trabajosamente, apoyándose en sus muletas, respirando con dificultad, ahogando los accesos de tos con su pañuelo, y se va caminando por el campo sin rumbo fijo

— (Fue mejor así…ni ellos me verán morir a mí…ni yo a ellos…no lo soportaría…la tuberculosis me ha aniquilado…a mi esposa el cáncer…y a mis hijos las infecciones intestinales…ya siento la muerte cerca…¡Oh!)

Amado cae desmayado, y así permanece toda la noche; mas al filo de la madrugada escucha una voz que proviene de una luz resplandeciente:

— Amado, Amado

— ¿Eh? ¿Quién es?

— Yo soy Jesús tu Salvador: vuelve a tu casa y busca el Libro que te regalaron ayer, y escudríñalo; en él encontrarás la Salvación de tu alma y la solución de todos tus problemas

— Sí, Señor, así lo haré

Rápidamente se levanta y echa a caminar con sus muletas gozoso, y casi corriendo llega a su casa gritando:

— ¡MUJER!, ¡HIJOS!, ¡LES TRAIGO UNA BUENA NOTICIA! ¡Tuve una revelación!: Me habló el Señor Jesucristo y me dijo que leamos el Libro que nos regalaron ayer, y que en él encontraremos la Salvación y la solución de todos nuestros problemas, ¿Dónde está?

— Por ahí

— Aquí está, a ver, vamos a ver lo que dice…mira, aquí dice Jesucristo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

— Pero si ya creemos en él

— Sí, pero no lo hemos recibido como nuestro único Señor y Salvador; Recibámoslo ahora mismo en oración de rodillas, oremos: Señor Jesucristo, acéptanos como tus hijos; nosotros te recibimos a ti como nuestro único Señor y Salvador, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Sigamos leyendo el Libro a ver qué más dice…mira, aquí dice: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás a ellas, ni las honrarás…”

— ¿Los santitos y las virgencitas?, Pero dicen que son muy milagrosos

— Pues si fueran milagrosos ya nos habrían sanado, ¿No crees?

— Es cierto; entonces mejor vamos a quitarlos

— Mira lo que dice aquí: “Apartaos de toda especie de mal”

— ¿Qué significa eso?

— Pues que quitemos todo lo que desagrada a Dios: Tu lápiz labial, tu barniz de uñas, tu minifalda que a veces te pones, las malas palabras que a veces dices…

— ¿Sí?, ¿Y tus cigarros, y los posters de mujeres que tienes en la pared, y las cervezas que a veces te tomas, y las malas palabras que a veces dices, eso no?

— Tienes razón, quitaremos todo lo malo

— ¿Qué más dice el Libro? ¿Cómo sanaremos?

— Mira, aquí dice: “Este género no sale sino por oración y ayuno”; vamos a orar para pedirle a Dios que nos sane, oremos: Padre nuestro que estás en los cielos, te pedimos que nos sanes en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, amén.

Ahora vamos a ayunar

— ¿Qué es ayunar?

— Lo contrario de comer

— ¿Pero no nos hará daño dejar de comer?

— Pues si el Señor lo ordena, no creo que haga daño; vamos a darles agua simple a los niños para que puedan soportar el ayuno

— Yo creo que también nosotros deberíamos tomar agua simple durante el ayuno, porque estamos muy débiles a causa de la enfermedad

— Es cierto, tomaremos agua simple durante el ayuno

Al día siguiente

— Mamá, ya tengo hambre

— Yo también, mami

— Sí, mis hijitos; ¿Ya podemos comer, Amado?

— Sí, ayunaremos un día sí, y otro no, mientras sanamos completamente

— ¿Y qué vamos a comer? No tenemos nada; ¿Mataremos algún perro o algún gato para comerlo? Porque las ratas son muy difíciles de agarrar, y las víboras también, y además son muy peligrosas

— Vamos a ver qué dice el Libro Santo; mira, aquí dice que el perro y el gato no se deben comer, porque son inmundos; también las ratas y las víboras y los puercos son inmundos; entonces por eso nos enfermamos, por comer esos animales impuros; veamos entonces qué debemos comer…aquí dice: “De todo árbol del huerto comeréis…”

— ¿Y nada de carne?

— Aquí dice que cuando Dios hizo al primer hombre y a la primera mujer, les dijo que comieran únicamente de los frutos de la tierra; pero cuando ellos pecaron y fueron expulsados del paraíso, se vieron en la necesidad de matar para comer animales; y Dios se los permitió, siempre y cuando fueran animales limpios; voy a ir al campo a buscar algo para comer, mientras oren a Dios

Media hora después

— Ya vine, encontré un árbol de manzanas que tiene muchísimas, y oí una voz que decía; “El árbol no menguará, ni su fruto escaseará”; vengan, vamos a orar para comer…Gracias Padre por estos alimentos que nos das, bendícelos y multiplícalos, te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, amén; ahora sí, a comer

— Hum, nunca había comido tan sabroso

— Ni yo tampoco

— Yo ya me siento sana

— Yo también, creo que ya no voy a necesitar las muletas; el Señor nos ha sanado; también creo que el Señor Dios nos ha provisto un medio económico de subsistencia, vendiendo manzanas por caja a los comerciantes en el Pueblo

Un mes después

— Gracias a Dios que nos ha prosperado con la venta de manzanas; vamos a leer el Libro Santo para ver si Dios tiene algunas otras indicaciones para nosotros…veamos…aquí dice: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio”; El Señor quiere que yo vaya a predicar; pero, ¿Ustedes se quedarían?

— Sí esposo mío: nosotros ya hemos recibido la bendición del Señor, ahora cumple su Mandamiento para que otros también la reciban; no te preocupes por nosotros, Dios nos cuidará; yo y los niños predicaremos en los alrededores; vete en paz y que Dios te bendiga

— Está bien; adiós esposa mía, adiós hijos míos

— Adiós papi, estaremos orando por usted

Y después de besarlos en la frente, emprende su camino gozoso, llevando en su mano el precioso Libro de Dios para darlo a conocer a la gente, cumpliendo así el Salmo que dice: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; mas volverá a venir con regocijo trayendo sus gavillas”.

DIOS LE BENDIGA.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recuerda ¡Cristo te ama!

Llámanos o completa el siguiente formulario y nos pondremos en contacto contigo. Nos esforzamos por responder todas las consultas a la brevedad.