Ahora comprendo todo: no sólo mis cosas con tuyas, sino todo es tuyo, aún mi vida te pertenece, pues tú la compraste con la sangre preciosa de tu Hijo Jesús; está en tus manos, úsala como tú quieras para beneficio de los demás, amén, Señor, gracias.
A los tres días, Venid y ved el Poder del Amor; todos se sientan, y uno sólo anda sirviendo la mesa; al terminar se sienta a la derecha del Padre y dice: Comed, amigos, bebed, amados, este pan es mi cuerpo que por vosotros fue muerto, y este vino es mi sangre que por vosotros fue derramada
Luisito es un niño que tiene apenas 8 años de edad; él se dedica a la mendicidad, pues desde que su mamá murió, su papá siempre está borracho, y lo manda a pedir limosna.
En la actualidad, muchos grupos religiosos se basan en la interpretación de textos bíblicos para fundamentar sus creencias y doctrinas. Los Adventistas del Séptimo Día no son una excepción. En este artículo, exploraremos un tema específico que ha suscitado controversia en la comunidad adventista: la interpretación del libro de Daniel, capítulo 8, versículo 14. Examinaremos cómo un análisis detallado de este pasaje puede arrojar nueva luz sobre esta doctrina clave para los adventistas.
Nuestro viaje comienza con una cita de Jeremías 6:16: “Así dijo el Señor: Paraos en los caminos y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestras almas.” Este versículo nos recuerda la importancia de buscar las sendas antiguas, el camino que Dios ha marcado desde tiempos remotos. Las Escrituras nos instan a seguir estas sendas, porque en ellas encontramos la verdadera paz espiritual.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” – Jesús (Juan 14:6)
Estas palabras de Jesucristo son un recordatorio de que él es el único camino para llegar al Padre Celestial. No hay otro Salvador, ya que Jesucristo fue el único que vino del cielo con la misión de salvar a la humanidad. Como lo expresó el apóstol Pablo: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Nadie más se ofreció a venir del cielo para llevar a cabo esta misión imposible.