38. Caridad de la Paz

Buenos días, Caridad, ¿de dónde vienes tan contenta?

– ah, eres tú, Decencia; vengo del Correo, fui a poner una carta, ¡ya me voy a casar!

– ¿te vas a casar? ¿con el vago ése que es tu novio?

– no, él ya no es mi novio; ¿sabes con quién? Con Emmanuel, el hijo del Presidente de la Nación vecina; cuando vino me propuso matrimonio

– ¿queeé? estás delirando

– deveras, hablo en serio; ¿verdad que es guapo?

-guapísimo, por eso no te creo nadita; yo supe que vino a ver a su novia, y ella es la dama más distinguida de la Sociedad

– pues la más sorprendida fui yo; ¿te acuerdas que yo era la sirvienta de ella?

– sí; ¿y qué con eso? Ella es de primera categoría, y tú no llegas ni a tercera

– pues fíjate que vino a verla a ella; pero supo que lo engañaba, y rompieron su compromiso

– y no me digas que se fijó en ti

– pues sí; así fue

– ¿pero no te das cuenta de que lo hace por despecho, para provocar a la otra enamorando a su propia Criada?

– eso es lo que yo le dije; pero me dijo que ya me había observado desde antes, y que me ama de verdad

– ¿pero tú crees que su papá te va a aceptar? Se ve muy estricto

– precisamente a eso fue, para hablar con él; y acabo de recibir su carta donde me dice que su Papá sí está de acuerdo, mírala tú misma; dice que lo espere, que va a preparar nuestro futuro hogar

– huy, parece que sí es cierto; pero me parece increíble, estás re fea

– yo lo sé; pero él me ve bonita

– además cuando sepa lo de tu antiguo novio, a ti también te va a dejar como a la otra

– ya lo sabe; le confesé todo; lo único que quiere es que no vuelva a tener nada con él

– pero tu exnovio no te va a querer dejar

– es cierto, me persigue a todas partes

– ¿y tu papá sí está de acuerdo?

– qué crees, fíjate que él estaba borracho cuando Emmanuel fue a pedir mi mano, y lo golpeó salvajemente; pero Emmanuel no quiso lastimarlo

– ¡qué bárbaro! ¿y por qué no lo aceptó?

– porque quiere que me case con don Liborio, porque es rico, y tiene deudas con él; pero yo no quiero

DIEZ AÑOS DESPUÉS

– Buenas tardes, Decencia; ¿me permites pasar?

– Caridad, eres tú; ¿qué se te ofrece?

– …este…¿me podrías permitir pasar la noche aquí?

– no puedo; tendría que pedirle permiso a mi esposo, y él no está en casa; ¿pues qué te pasó? Vienes toda golpeada; has llorado, ¿verdad?

– sí, mi papá me corrió de la casa

– pero ¿por qué?

– porque no me quiero casar con don Liborio

– ¿acaso sigues esperando a tu Príncipe azul?

– sí, me prometió volver

– no seas ilusa; por si no lo sabes, tu Príncipe ya se va a casar; ¿no oíste en el radio que hoy se casa?

– ¿se va a casar ¿con quién?

– pues ni modo que contigo

– pero él me prometió casarse conmigo

– sí, pero eso fue hace diez años; fue una emoción pasajera

– en su última Carta me dijo que ya iba a venir, mírala

– huy, pero tiene fecha de hace 5 años, y en 5 años pasan muchas cosas; ahorita ya se ha de estar casando

– por favor no me atormentes más; yo lo amo

– lo mejor que puedes hacer es casarte con don Liborio; él tiene muchas mujeres; no les falta nada; de lo contrario, tendrás qué pasar la noche en la calle

– seguiré esperando a Emmanuel aunque me tenga que quedar en la calle; de todos modos, gracias

– que pases buenas noches

                En ese momento se detiene allí un lujoso Automóvil Blanco, engalanado con adornos matrimoniales; en el asiento trasero están dos bellas damitas; y adelante, el chofer y un Oficial; el Oficial baja prestamente, y les dice:

– Buenas noches; disculpen, ¿aquí vive la señora Decencia del Moral?

– sí señor, yo soy; ¿qué se le ofrece?

– buscamos a la Señorita Caridad de la Paz; en su casa nos dijeron que posiblemente había venido hacia acá, que usted es su única amiga

– …ella…es…

– ¿es usted?

– sí Señor; ¿en qué puedo servirle?

– somos emisarios del Príncipe Emmanuel; él está en el Palacio Real y nos envió por usted; la Ceremonia será a las 7:30, suba por favor; las señoritas serán sus acompañantes

– oh; ¿es verdad esto? ¿Emmanuel me espera?

– Sí señorita; suba por favor que el tiempo es muy avanzado

                Y ante la mirada incrédula de su amiga, casi saltando de alegría sube al auto, que arranca velozmente

                Al llegar al palacio las Doncellas rápidamente la hacen pasar al Vestidor

                A las 7:30 es punto se oye el toque de una trompeta en el Salón Principal

                Por una puerta entra el Príncipe Emmanuel; apuesto y varonil y por la otra entra Caridad vestida elegantemente, con su vestido de novia luce deslumbrante no parece la misma parece otra; la verdad es que la alegría de su rostro la hace parecer radiante; y viéndola bien: la más Hermosa de todas las mujeres

                Al compás de la Marcha Nupcial avanzan lentamente hacia el altar mientras él le dice: Caridad, gracias por esperarme; y ella le contesta: oh Emmanuel; gracias por venir

Solemnemente se efectúa la Ceremonia, y después del Banquete, él la llevó a la Mansión que había preparado para ellos, donde vivieron siempre muy felices.

AMABLE LECTOR

Emmanuel es Cristo, y la novia que le espera es su Iglesia; don Liborio es el Diablo que quiere casarse con la Iglesia; pero vale la pena esperar a Emmanuel; ¿no le gustaría ser parte integrante de esta Iglesia? Cristo Emmanuel le ama.

Dios le Bendiga.

Recuerda ¡Cristo te ama!

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