34. Experimento Mortal

En la sala de espera un hombre está muy impaciente tratando de infundir a sus niños un ánimo que él mismo está muy lejos de sentir, dos horas después sale el Doctor de la sala de Operaciones y el hombre lo interroga ansiosamente.

– ¿Cómo está mi esposa, Doctor; se salvará?

-Todavía no lo sabemos; le extirpamos un tumor cerebral, pero su cerebro está plagado de cisticercos difíciles de extirpar.

– ¿Cisticercos?

– Sí, son unos parásitos muy pequeños, pero muy nocivos que se alojan en el cerebro y lo van carcomiendo lentamente.

– ¡Qué horror! y esos parásitos ¿Cómo se forman, Doctor, o ¿de dónde provienen?

-Se adquieren por ingerir alimentos contaminados como la carne de cerdo que es el principal transmisor de ese parásito.

– ¿El puerco? Pues a nosotros nos dijeron que es el animal más limpio que existe, que lo comiéramos con toda confianza, porque Dios personalmente lo había limpiado.

– ¿Al puerco? Pues le informaron mal, Amigo; el puerco es el animal más sucio que existe y es el causante principal de muchas enfermedades; ¿Cómo se le ocurre a alguien decir que Dios lo limpio? ¿Quién le dijo semejante disparate?

– Es un hombre que dice que sabe mucho.

– ¿Sí? pues a mí me gustaría hablar con ese “supersabio”

-Cuanto usted guste, Doctor, yo se lo presento.

-Ahorita mismo quiero que me lleve con él, esto no puede esperar; mucha gente está en peligro mientras ese hombre ande suelto.

– Está bien, Doctor, vamos

MEDIA HORA DESPUÉS.

Buenas tardes, don Perfecto.

-Qué pasó

– ¿Recuerda usted que nos recomendó a mí y a mi esposa que comiéramos la carne de puerco, la de ratón y la de todos los animales inmundos que quisiéramos, porque Dios ya los había limpiado?

– Efectivamente, Bartolo, así es.

-Pues el Doctor Franco, aquí presente, afirma mi esposa se enfermó por haber comido carne de puerco.

– ¿Eso dice? Seguramente desconoce la Biblia y el poder de Dios.

-De ninguna manera, don Perfecto; ni desconozco la Biblia, ni muchos menos el poder de Dios: lo que yo no puedo creer es que Dios utilice su poder para andar limpiando marranos y ratones para que nosotros los comamos; yo creo que él tiene cosas más importantes qué hacer.

Mire usted, ésta es la Lista de los Pacientes que llegan diariamente al Hospital afectados de diversos parásitos porcinos en mayor o menor grado; Unos cuantos sanarán y se recuperarán paulatinamente a base de tratamientos difíciles y prolongados; Pero la mayoría de ellos quedarán atrofiados definitivamente por el resto de su vida, jamás podrán rehabilitarse ni reintegrarse a la sociedad, y todo por prestar atención a gentes sin escrúpulos que sin importarles la salud de sus semejantes los inducen a comer cosas perjudiciales para el organismo haciéndolos creer que son inofensivas, y hasta santificadas por Dios con tal de lograr sus oscuros propósitos.

– ¡Un momento, Doctor! ¿Me está usted culpando a mí?

– A usted y a todos esos sujetos irresponsables que hacen ese tipo de propaganda irreflexiva y perniciosa, sin tomar en cuenta el daño irreversible que ocasionan a gente inocente, y todavía tienen el descaro de presentarse ante ellos como unos iluminados enviados de Dios, Cuando lo único que les interesa es apoyar sus doctrinas perversas y torcidas.

– ¡Se equivoca usted, Doctor! Si yo afirmo que el puerco es limpio es por convicción propia, y para demostrárselo, de hoy en adelante no voy a comer otra cosa más que carne de puerco durante 10 días y verá que no me pasa nada; y a los 10 días quiero que usted venga y me ausculte en presencia de Bartolo para que confirme mi buen estado de salud, ¿me explico?

– Pues no se lo aconsejo, don Perfecto, es un experimento muy peligroso; puede usted contraer una fuerte intoxicación en menos de 5 días.

– Pues, aunque no me lo aconseje yo lo voy hacer, porque todo lo que me ha dicho no va a quedar sin respuesta; y usted va tener que pedirme perdón y retractarse en presencia de Bartolo de todo lo que me ha dicho; así que los espero aquí dentro de 10 días y veremos quién tiene la razón, ¿entendido?

-Pues le deseo mucha suerte, don Perfecto, la va a necesitar.

– Lo mismo le deseo yo, “Doctor” Matasanos.

TRES DÍAS DESPUÉS

 – Doctor Franco, se le solicita urgentemente en el Quirófano; hay un Paciente con un caso agudo de Triquinosis y necesita Cirugía de emergencia.

– Voy para allá (y al llegar al Quirófano).

¡Don Perfecto, es usted!

-Sí, Doctor, creo que perdí la apuesta… ahora sí he confirmado que el puerco es dañino.

– Porque lo ha experimentado en carne propia lo cree, don Perfecto, dichosos los que no lo experimentaron y lo creen.

-Si salgo de esta … no volveré a probar porquerías … estoy asqueado … ¡uf!

DOS HORAS DESPUÉS

En la sala de espera, una mujer está muy impaciente; y cuando sale el Doctor de la Sala de Operaciones, le pregunta:

– ¿Cómo está mi esposo, Doctor?

– De ésta se salvó, señora, pero de otra no le aseguro.

– Doctor, Doctor… (es don Perfecto, lo llevan en camilla).

– Descanse. don Perfecto, y cuídese mucho

– Fui un necio, Doctor, usted tenía la razón.

– No, don Perfecto, yo no tengo la razón, la tiene el Señor Jesucristo; él dice por medio del Espíritu Santo: Hijos sois de Jehová vuestro Dios, nada abominable comeréis; y también dice: ¿No sabéis que sois Templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? si alguno violare el Templo Dios, Dios destruirá al tal; porque el Templo de Dios el cual sois vosotros, SANTO ES. (Deu. 14.1-3, 1. Cor. 13:16,17).

Si, lo creo y lo acepto; desde ahora nada inmundo comeré, quiero que mi corazón y mi cuerpo entero sea un Recinto Santo y Limpio donde habite para siempre el Espíritu Santo de Dios.

– AMÉN

Dios le Bendiga

Recuerda ¡Cristo te ama!

Llámanos o completa el siguiente formulario y nos pondremos en contacto contigo. Nos esforzamos por responder todas las consultas a la brevedad.