Un joven soldado llega a caballo hasta la cabaña que se encuentra ubicada casi en la cima de una montaña; decididamente se baja del caballo, se quita el casco y toca insistentemente.
Después de un largo rato, por fin se abre la puerta y se asoma un anciano de blanca barba y de luenga cabellera.
El anciano mira el joven escrutadoramente, pero el joven se apresura a decirle:
-Ilustre anciano, he venido de lejanas tierras porque me han dicho que tú guardas el secreto de la vida y de la muerte y que sabes dónde está la fuente de la Eterna Juventud; yo te ruego que me reveles este arcano y me descifres este enigma, porque sé que algún día he de morir y la zozobra de la muerte me acongoja, pues no he hecho ningún preparativo para emprender ESE viaje sin regreso, y tampoco sé qué hay tras el velo de la muerte.
– Así que también tu andas buscando la fuente de la vida Eterna ¿eh? Muchos la han buscado y pocos la han hallado; es muy codiciada, todos la buscan, pero no todos están dispuestos a pagar el precio incalculable de tan valioso hallazgo, las dificultades que representan su búsqueda muchas veces desalientan a los exploradores, aún los más valientes se han quedado en el camino, pero los que la encuentran alcanzan la Dicha y la Felicidad verdadera. La frescura de sus aguas sacia la sed del caminante, mitiga la pena y el dolor, restaña las heridas y cura las enfermedades, el que bebe de este Manantial recupera las energías perdidas, y lo que es más extraordinario: nunca más vuelve a tener sed.
– Yo quiero beber de esa agua, estoy dispuesto a pagar el precio de ese hallazgo por muy elevado que éste sea, mi vida misma la pongo en prenda con tal de encontrarla, yo te ruego buen anciano que me muestres el camino.
– Mira, hijo los misterios de la vida y de la muerte no son dados a los necios, ni están al alcance de los insensatos, pero tú, al venir aquí has demostrado cordura, y tu interés me obliga a indicarte el camino correcto para que puedas llegar hasta donde se encuentra la fuente de la Felicidad, por atención:
Primeramente, tienes que descender al Valle del Arrepentimiento que está al Oriente, en tu camino encontrarás al demonio de la incredulidad, tienes que luchar con él y vencerlo, no con fuerza ni con sabiduría sino con fe y humildad, sigue tu camino y hallarás el Río del Perdón, tienes que zambullirte en él y cruzarlo.
Después seguirás su cauce río arriba, hasta donde nace, es una Montaña muy alta que se llama El Monte de la Redención, tienes qué escalarlo; en tu camino encontrarás al espíritu del Desaliento, tienes que luchar con él y vencerlo, pero no con fuerza ni con sabiduría, sino con oración y ayuno.
En la cumbre del Monte hay una luz muy brillante que proviene de un fuego incandescente, esa luz es irresistible para los que no se zambullen bien en el Río del Perdón, pero si sigues fielmente mis instrucciones podrás acercarte completamente a ella, aunque de momento quedarás ciego, pero sigue avanzando, debajo de ese fuego está la Fuente de la Felicidad, no la podrás ver a causa de la luz, pero la podrás palpar y beber sus aguas, mas antes de hacerlo te arrodillas y darás gracias al Dador de la vida.
Cuando hayas tomado esa agua maravillosa, tus ojos serán abiertos y podrás ver al Ser Supremo en medio de esa luz resplandeciente y sentirás un gozo inefable, una alegría infinita por estar en la presencia del Divino, desearás quedarte allí a contemplarlo y adorarlo eternamente, pero tienes que regresar para decirles a todos los que sufren, de la existencia de ese Manantial de Amor, a los cuales darás estas mismas instrucciones para que ellos también vayan a beber sus aguas y sean inmensamente felices como tú lo serás; mas en tu camino encontrarás al demonio del Orgullo, con el cual tienes que luchar y vencerlo, no con fuerza ni con sabiduría, sino con amor y santidad.
-He entendido todo perfectamente bien, me voy inmediatamente en busca de esa Fuente Divina.
– Espera, aún no he terminado, esa fuente no es material, sino espiritual; ¿acaso ignoras que el principio de todas las cosas es espiritual y que antes de que existiese la materia existía el espíritu? el espíritu es el que da vida a la materia, es el principio de la vida y el origen de todas las cosas, y para encontrarlo no tienes que ir a ninguna parte, aquí mismo lo puedes buscar y encontrar por medio de tú espíritu.
– Amigo anciano, si todo lo que me explicaste es espiritual, ¿cuál es entonces la Fuente de la Eterna Juventud, y qué significan el Monte de la Redención, el Rio del Perdón, y el Valle del Arrepentimiento?
– La Fuente de la Eterna Juventud es Jesús el Hijo de Dios que vino del cielo, y el Monte de la Redención es el Monte Calvario donde murió, pero a los tres días resucitó, el Río del Perdón es el Raudal de agua y sangre que fluyó de su costado cuando murió, y el Valle del Arrepentimiento es la humildad con la que puedes acercarte a él; si tu quieres yo mismo te puedo guiar hasta encontrarte con Jesús.
– Sí vamos, quiero encontrarme con Jesús.
– Haremos el viaje en espíritu a través de la meditación de la Palabra de Dios y de la oración; primeramente, descenderemos al Valle del Arrepentimiento.
– Está bien, estoy listo.
– ¡TU MATASTE A JESÚS!
– ¿Yo queeé?…no, yo no lo maté.
– Claro que sí, tu fuiste el que lo mató; él murió por causa tuya; ¿acaso no fuiste tú el que desobedeció sus consejos y preferiste obedecer al diablo antes que a Dios? o tratas de decir que nunca has desobedecido? ¿que nunca has pecado?
– Pero no fui solamente yo, no soy yo el único pecador.
– Exactamente, fuimos todos, todos somos culpables de la muerte de Jesús, con nuestra conducta lo obligamos a venir al mundo a morir en lugar de nosotros para que no fuésemos condenados a causa de nuestros pecados, porque si no hubiéramos pecado, no hubiera habido necesidad de que él viniera al mundo a sufrir y a morir en la cruz de la ignominia como si fuera el peor de todos los malhechores.
– Es cierto, también yo maté a Jesús, me siento un miserable, un vil pecador; ¿quién soy yo Señor para que tú siendo el Rey del Universo hayas decidido morir por mí? oh, Señor ¿podrás perdonarme? Perdón, Señor, perdón.
Y mientras hablaba en oración, no se daba cuenta que de sus ojos brotaba un río de lágrimas de arrepentimiento, y que su voz llegaba al cielo como una dulce melodía y como aroma fragante en la presencia de Dios que hizo fluir el Río del Perdón a raudales, bañando todo su ser, purificándolo completamente, se sentía como un niño, como si hubiera nacido de nuevo, sí, eso es, había nacido de nuevo.
– Muy bien, amigo, has descendido al Valle del Arrepentimiento y has vencido al demonio de la incredulidad, también has cruzado por el Río del Perdón, ahora vamos río arriba, su cauce nos llevará a la Fuente de la Vida, recuerda que te enfrentarás al espíritu del Desaliento.
– Si, estoy preparado
– Vamos a orar y ayunar, también vamos a meditar: ¡POR TU CULPA ESTA MURIENDO MUCHA GENTE!
– ¿Por mi culpa? No entiendo, yo no he hecho nada.
– Por eso, precisamente. Porque no has hecho nada por salvarlos, estás tan ocupado buscando tu propia salvación que te has olvidado de la salvación de los demás, o dime ¿a cuántos has salvado?
— ¿yo? A nadie, eso solamente Cristo puede hacerlo.
– Pero eres tú el que tiene qué avisarle a la gente de esa salvación, él hizo de su parte, y tú tienes qué hacer la tuya ¿a cuántos les has avisado? ¿a cuántos has traído a Jesús?
– Pues, realmente a ninguno
– Entonces ellos morirán por su pecado, pero tú serás el culpable por ser indiferente ante la condenación que se cierne sobre ellos.
– Óyeme, anciano, y si sabías que yo soy un culpable ¿por qué entonces me hiciste venir hasta aquí a perder el tiempo, y de paso tú conmigo?
– Para que te dieras cuenta de tu pecado, pero sí no estás de acuerdo puedes regresarte a la hora que quieras.
– ¡Claro que me voy! Todo esto es un mito….una farsa…. un fraude, una perdedera de tiempo….no.…no regresaré…. no regresaré….seguiré adelante….seguiré adelante….es cierto, soy culpable de la muerte de mucha gente, pero antes de ir a PREDICAR necesito beber de esa agua de la Fuente y ser bañado por ese fuego celestial para recibir el poder de lo alto, para predicar la salvación, no regresaré…. seguiré adelante.… seguiré adelante….
– Ya llegamos, buen amigo, has escalado la Montaña y has vencido al espíritu del Desaliento, he allí la fuente debajo del Fuego, acércate a ella, arrodíllate y no olvides mis instrucciones.
– Oh, no veo nada, pero gracias Señor porque sé que estás aquí, concédeme beber de esa agua pura y cristalina, mm, qué fresca es, me siento con nuevas fuerzas, me siento lleno del Espíritu Santo y de Poder Divino, aleluya, ya veo de nuevo, gracias Señor, qué gozo es estar contigo Padre Celestial, ahora quiero ir a anunciar a los perdidos que hay Salvación en Cristo Jesús, gracias, Señor, gracias, Aleluya.
-Levántate, hermano, ya has estado orando mucho tiempo, ya has encontrado la Fuente de la Eterna Juventud, recuerda que tienes una misión qué cumplir.
– Ah, eres tú, buen anciano, estaba arrobado con la presencia de Dios, es cierto, tengo qué ir a predicar a los perdidos, gracias por acompañarme hasta aquí, soy muy feliz, me voy a predicar, a propósito ¿cómo te llamas?
– Yo soy la voz que clama en el desierto; aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas.
Y TÚ AMIGO LECTOR? ¿ya encontraste la fuente de la Eterna Juventud? Ahora mismo puedes encontrarla, es Jesús, el Hijo del Dios Viviente que dice: si alguno, tiene sed venga a mí y beba, el que bebiere del agua que yo le daré para siempre no tendrá sed, más será en él una fuente de agua que salte para Vida Eterna.
El Espíritu y la Esposa dicen ven, y el que oye diga ven, y el que tiene sed venga, y el que quiere tome del agua de la vida de balde.
(Jn. 7:37, 4:24; Ap. 22:17)
Dios le bendiga.




