Es media noche; en la Mansión de la Gran Hacienda se oye un grito ¡AL ATAQUE! Y enseguida hay ruido de lucha y disparos; un hombre llega ante el Patrón y le dice: Señor, el Mayordomo Valentín y varios jornaleros se han levantado en armas
– échenlos para afuera, y tú, Cándido, toma el mando
– Sí Señor
– ¡fuera de aquí Valentín Valentón!
– ¡y no regresen!
– ¡ay! allí no se vale pegar por la retaguardia, pero me vengaré; ¡juro que me vengaré!
Un mes después sale Cándido muy temprano y regresa con un gran Camión de Mudanzas; los Patrones están sentados mirando a Emmanuel que está jugando con los niños de Cándido, mientras Blanca, la Esposa de Cándido está barriendo afuera de su Casa que está dentro de la Hacienda
– Patrón, vengo por mis cosas; conseguí un empleo mejor
– ¿un empleo mejor? Bueno, deseo que te vaya bien, Cándido
– los vamos a extrañar -dice Emmanuel- principalmente a estos dos traviesitos; se portan bien, ¿eh?
– ¿nos visitarás, Emmanuel? Recuerda que tenemos qué terminar nuestro juego
– claro que sí, Danielito; lo terminaremos; adiós, Florecita
– adiós, Emmanuel; te esperamos, ¿eh?
– hasta luego Señor, Señora, Joven Emmanuel (dice Blanca), gracias por todo
– vayan en paz
– adiós
– es raro (dice Emmanuel), me dio la impresión de que Cándido no quiere que lo visitemos; pues no nos dijo dónde va vivir ahora, ni con quién va a trabajar
– a mí también, (dice Dion Adonai); pero él es dueño de sus decisiones
– Ojalá que les vaya bien, (dice Doña Paloma)
UN AÑO DESPUÉS
– ayuda…auxilio…
– ¿qué pasa? ¿quién es?
– ¡es Cándido! ¡está herido!
– traigan agua, rápido
– vamos a llevarlo allá adentro para curarlo y para que coma algo
– oh…vengo de los hornos de ladrillo…logré escapar…Valentín tiene mucha gente esclavizada a pan y agua…nos ofreció trabajo y luego nos esclavizó…hay familias enteras…allá están mi esposa y mis hijos…yo vine a buscar ayuda…libérenlos por favor…
– Padre, te ruego que me permitas ir a rescatarlos
– quisiera retenerte a mi lado, pero no quiero impedir tus nobles sentimientos; está bien, Hijo mío, tienes mi permiso; ve a rescatarlos
– yo voy contigo, Emmanuel; quiero acompañarte para ver a mi familia
– ¿podrás hacerlo?
– sí, ya me siento mejor, con esta comida he recuperado las fuerzas, y sobre todo el ánimo
– bien, vamos
– ¿tú sólo? él tiene muchos hombres armados
– hay cosas más poderosas que las armas, Cándido
TRES HORAS DESPUÉS
– allí es, Emmanuel; mira, allí están mi esposa y mis niños (ella está atada de un pie, batiendo lodo con una pala, y los niños con unas tablas) ¡Blanca! ¡hijitos!
– ¡papi! ¡papi! ¿qué nos trajiste? ¿un pancito? tengo mucha hambre
– no, Florecita…
– ¡Cándido! te daba por muerto, (dice Blanca) supe que te hirieron, no hubieras venido, te atraparán y seguramente te matarán
– encontré a Emmanuel; él nos libertará
-Joven Emmanuel, no hubiera venido; estos hombres son muy desalmados
– Emmanuel, ¿tú también vas a trabajar aquí?
– no, Danielito; vine a liberarlos de aquí, esto es denigrante (rompe las cuerdas que atan a Blanca) ¿cómo pueden tratarlos así?
-de nada servirá (dice Blanca), no podemos escapar
– claro que podrán, yo los libertaré; a eso he venido
– ¡hey tú! ¿por qué sueltas a ésa esclava? ah, pero si es nada menos que Emmanuel, el hijo de Don Adonai, ¿a qué debo el gusto de tu visita? Hace tiempo que no nos veíamos (se acercan Valentín y sus ayudantes con sus escopetas)
– no te hagas el desentendido, Valentín, vengo a libertar a toda esta gente que has esclavizado
– un momento, vamos por partes, ¿qué te hace pensar que puedes llevarte a mis esclavos? Permíteme recordarte que estás dentro de mis dominios
– ¿tus dominios? Me gustaría saber cuánto te costaron estas tierras y a quién se las compraste
– no tengo por qué darte razón de mis actos, ni tú tienes por qué intervenir en mis asuntos; es más; si quisiera, podría matarte ahorita mismo
– me gustaría que lo intentaras para castigarte ahora mismo por todo el daño que has hecho a toda esa gente (Emmanuel se acerca lentamente a Valentín)
– ¡no! ¡no! ¡espera! déjame explicarte; yo no los traje aquí a fuerzas, ellos vinieron voluntariamente, ¿o no es cierto? ¡contesten!
– pero los trajiste con engaños, y los has esclavizado; y eso es contrario a los derechos humanos, así que me los llevo; y si tus pistoleros intentan detenernos, tu morirás, ¡SUÉLTENLOS A TODOS! (Cándido y Blanca comienzan a soltarlos)
– ¡no! ¡alto! ¡esto es un atropello! no puedes llevártelos, Emmanuel, porque todos ellos me deben dinero; les presté para que se mudaran para acá con todo y sus familias; aquí han tenido casa, vestido y sustento, ¿y tú te los llevas, así como así? eso sí que no; tendrás qué indemnizarme por daños y perjuicios
– de acuerdo; dime cuánto es lo que te deben y yo te lo pagaré
– ellos son mis esclavos, y si tú quieres liberarlos, cómpralos, yo te los vendo
– está bien, los compro; dime cuánto quieres por ellos
– ¿a todos? son muchos; no creo que puedas pagar el precio que yo pido por ellos (todos los esclavos están expectantes)
– ¿el precio que yo diga? (mm, esto se está poniendo interesante), muy bien, el precio es VIDA POR VIDA, ¡TU VIDA POR LA DE ELLOS!
– no aceptes, Emmanuel, (Interviene Cándido), eso no es justo, y tal vez tus Padres no estarían de acuerdo; mejor oblígalo a que nos deje ir por la fuerza
– no, Cándido, él tiene razón; legalmente alguien tiene qué pagar los errores que ustedes cometieron al creerle a él, y yo voluntariamente quiero hacerlo; mis padres estarán de acuerdo, ellos siempre están de acuerdo conmigo en todo, y yo con ellos; ¡ESTA BIEN! ¡ACEPTO! Pero quiero estar seguro de que se irán; quiero verlos que se vayan; ¡libérenlos a todos! váyanse Amigos, vayan a la Gran Hacienda, allá estarán seguros; Cándido, llévalos a la Hacienda, y por favor di a mis Padres que los amo
– ¡somos libres! ¡somos libres! ¡somos libres!
– sí, Emmanuel, gracias por rescatarnos; siempre vivirás en nuestro recuerdo
– ¡somos libres! ¡somos libres!
– Sí, joven Emmanuel, muchas gracias por rescatarnos, (dice Blanca), nunca lo olvidaremos; a ver niños; denle un besito al Joven Emmanuel
– Emmanuel, ¿tú no te vas a ir con nosotros? Recuerda que tenemos qué terminar nuestro juego
– no, Danielito, no iré; pero te prometo que nos volveremos a ver, y entonces terminaremos nuestro juego
– mami, ¿Emmanuel no va a venir con nosotros?
-no, hijita, él se queda en lugar de nosotros
– pero yo no quiero que se quede, dile que se venga con nosotros, yo lo quiero mucho, hasta el cielo
– no, hijita, él tiene que qué quedarse; pero va en nuestro corazón
– (adiós amados míos; váyanse y sean felices)
– y ahora tú me pagarás todo lo que tu Padre me hizo ¡¡¡MUERE!!!
AL LLEGAR A LA MANSIÓN
¿Qué sucede?
– Señor, vuestro Hijo cambió su vida por la de todos estos esclavos y me dijo que los trajera para acá
– oh, mi Hijo…Emmanuel…Hijo mío…(llora abundantemente) …pues ya que mi Hijo así lo quiso, sea así; y si él ha muerto, ahora vosotros seréis mis hijos e hijas; entrad hijos míos, tomad posesión de ésta mi casa que desde ahora también es vuestra; yo iré a buscar el cuerpo de mi Hijo
A los tres días, Venid y ved el Poder del Amor; todos se sientan, y uno sólo anda sirviendo la mesa; al terminar se sienta a la derecha del Padre y dice: Comed, amigos, bebed, amados, este pan es mi cuerpo que por vosotros fue muerto, y este vino es mi sangre que por vosotros fue derramada
– ¡¡¡EMMANUEL!!! (exclaman todos)
– Sí, yo soy
Entonces el Padre dice: Comamos y bebamos y hagamos fiesta: porque éste mi Hijo, muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
DIOS LE BENDIGA.



