– Hermano Pablo, vengo de la Iglesia de Corinto para comunicarte las anomalías que allá están aconteciendo y que a muchos de nosotros nos han entristecido bastante, pues son cosas muy desagradables para nosotros, pero para la mayoría de los hermanos son cosas muy novedosas e impresionantes.
– ¿y qué es lo que está ocurriendo, hermano Estéfano?
– Se trata del don de lenguas, Pablo, la Iglesia ya no es la misma desde la última vez que estuviste allá, ha cambiado mucho, pues nos han visitado algunos predicadores y han enseñado a la Iglesia a hablar en lenguas desconocidas.
– Pero eso no tiene nada de malo, Estéfano, el don de lenguas es un don del Espíritu Santo para facilitar el entendimiento y demostrar el poder de Dios.
– Pero ahora es otra clase de lenguas que nos ha confundido, Pablo, y no me atrevo a decir precisamente que sean malas porque temo blasfemar contra el Espíritu Santo, lo único que te puedo decir es que son muy diferentes a como antes se hablaban
– Pues la diversidad de lenguas tiene solo 2 formas, Estéfano, la de la Babilonia y la de Jerusalem, no hay más; ¿cuál de las 2 formas practican?
– No me atrevo a decir ni una cosa ni otra porque estoy muy confundido, preferiría que tú me explicaras primero esas 2 formas por separado para poder decirte cuál es la que se practica en Corinto.
– Está bien, Estéfano, te explicaré primero como fue en Babilonia
– ¿Me permites explicárselo, Pablo?
– Por supuesto que sí sostenes
– Mira Estéfano, cuando los hijos de los hombres estaban construyendo una torre cuya cúspide llegara al cielo Dios confundió allí sus lenguas para que ninguno entendiese el habla de su compañero y dejarán de construir la torre, por eso fue llamada Babel o Babilonia que significa confusión.
Al darse cuenta de que hablaban y nadie les entendía y que tampoco ellos entendían a los demás, sintieron que la maldición del cielo había caído sobre ellos.
También los que estaban adorando en el templo de Baal se asustaron y comenzaron a temblar y a gritar desaforadamente en lenguas ininteligibles, corrían de un lado para otro, desesperados como locos, brincaban y como que se convulsionaban, hasta que finalmente quedaban como desmayados
Otros levantaban las manos empuñadas al cielo amenazadoramente como reclamándose al Dios en quién nunca habían creído, golpeaban las bancas y todo lo que estaba cerca de ellos bufando y vociferando, pero nadie entendía lo que decían, era una CONFUSIÓN INFERNAL
– ¿y cómo sucedió en Jerusalem el día de Pentecostés?
– Completamente distinto – respondió Pablo
– la obra del Espíritu Santo vino a contrarrestar totalmente los efectos de aquel fenómeno impartiendo lucidez y entendimiento entre los creyentes en lugar de confusión y fue así:
Y como se cumplieron los días de Pentecostés estaban todos unánimes, juntos
Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría el cuál hinchió toda la casa donde estaban sentados.
Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego que se asentó sobre cada uno de ellos
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y Comenzaron a hablar en otras lenguas como el Espíritu les daba que hablasen.
Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos de todas las naciones debajo del cielo
Y hecho este estruendo juntóse la multitud y estaban sorprendidos porque cada uno les oía hablar su propia lengua
Y estaban atónitos y maravillados diciendo: ¿he aquí, no son Galileos todos éstos que hablan?
¿Cómo pues les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asía
En Phrigia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de África que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos
Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.
– Bien, hermano Estéfano, has escuchado las 2 formas de expresión de lenguas, ahora dinos, ¿cuál de las dos se practica en Corinto?
– Me cuesta trabajo decirlo, pero no es como en Jerusalem, que se entendía lo que hablaban, a ellos nadie les entiende
– ¿Qué dices, Estéfano? ¿que nadie entiende lo que hablan?
– Así es, Pablo, ni siquiera los que conocen leguas extranjeras
– Pero por lo menos hay algún intérprete que declare lo que ellos dicen?
– No, ellos se concretan a hablar y todos los hermanos lo aprueban, diciendo: Amén.
– ¿Pero cómo pueden decir amén si no saben lo que aquellos han dicho?
– Ellos dicen que porque son como niños y creen en todo lo que les digan
– Bueno hay que ser niños en la malicia, pero perfectos en el sentido, una cosa es ser creyentes y otra cosa es ser crédulos, hay que ser mansos….
– Pues así les han enseñado los predicadores que nos visitan y muchos hermanos ya los imitan
– Pero eso no tiene ningún provecho, son palabras al aíre, no puede haber fruto en el entendimiento
– Lo malo es que esto ha servido para que los incrédulos se burlen del Evangelio y vituperen el nombre de Cristo.
– Claro, pensarán que están locos, y con justa razón
– Pues prepárate para oír, lo peor, Pablo: Cuando hablan lenguas se ponen frenéticos, fuera de sí, tiemblan, saltan, gritan, manotean, se retuercen y se dejan caer al suelo como desmayados
– Oh, cómo es posible esto, se han apartado de las pisadas del Divino Maestro y han seguido a los hombres dice Pablo con lágrimas en sus ojos mientras se pone de rodillas hasta el suelo llorando y diciendo: Ten piedad Señor, ten piedad de tu Iglesia.
Después de un largo rato se vuelve a sentar a la mesa y comienza a escribir en silencio:
Pablo llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano
A la Iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús.
Gracia y paz a Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo
Seguid la caridad y procurad los dones espirituales, más sobre todo que profeticéis
– Porque el que habla lenguas, no habla a los hombres, sino a Dios, porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios.
– El que habla lengua extraña así mismo se edifica más el que profetiza, edifica a la Iglesia
– Ahora pues, hermanos, si yo fuere a vosotros hablando lenguas, ¿qué os aprovecharé si no hablare o con revelación, o con ciencia, o con profecía o con doctrina?
Ciertamente las cosas inanimadas que hacen sonidos como la flauta o la vihuela, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con la flauta, o con la vihuela?
Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercibirá a la batalla?
Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien significante, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire
Si yo ignorare el valor de la voz seré bárbaro al que habla y el que habla será bárbaro para mí
Por lo cuál el que habla lengua extraña PIDA QUE LA INTERPRETE
Porque si yo orare en lenguas desconocida, mi espíritu ora, más mi entendimiento es sin fruto
¿qué pues? oraré con el espíritu, más oraré también con entendimiento, cantaré con el espíritu, más cantare también con entendimiento
Porque si bendijeres con el espíritu, el que ocupa lugar de un mero particular ¿cómo dirá amén a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho
Doy gracias a Dios que hablo lenguas más que todos vosotros
Pero en la Iglesia más quiero hablar cinco palabras con mi sentido para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en lenguas desconocidas
Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia, empero perfectos en el sentido
En la ley está escrito: en otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo, y ni aún así me oirán, dicen el Señor
Así que las lenguas por señal son no a los fieles sino a los infieles, más la profecía no a los infieles sino a los fieles
De manera que si toda la iglesia se juntare en uno y todos hablan lenguas y entran indoctos o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
Si hablare alguno en lengua extraña, sea esto por dos o a lo más 3 y por turno, más uno interprete
Y si no hubiere intérprete CALLE EN LA IGLESIA y hable a sí mismo y a Dios
Empero hágase todo decentemente y con orden.
AMÉN.
1.Cor. 1:1-3; 14:1-28,40
Dios le Bendiga.
