– ¡No obedezcas los Mandamientos de Dios!
– ¿eh? ¿quién es? ¡ah! Eres tu1, Diótrefes.
– sí, soy yo2, Erasto; ¿A dónde vas?
– voy al Templo; ya soy Cristiano, te invito.
– lo supuse, por eso te llamé; es mejor un grito a tiempo que mil palabras demasiado tarde.
– ¿oí bien? ¿me dijiste que no obedezca los mandamientos de Dios?
– oíste bien, mi querido Erasto; hoy es Sábado, de seguro ya te hiciste Sabatista Sabático.
– bueno, obedezco los mandamientos de Dios, entre ellos el cuarto mandamiento, que se refiere al día Sábado; no se si eso significa hacerse Sabático Sabatista.
– lo es, mi querido Erasto, lo es.
– pero ¿Por qué dices que es malo obedecer los mandamientos de Dios? Si el que me evangelizó me dijo que además de creer en el Hijo de Dios, debía también obedecer los mandamientos de Dios.
– pues te informaron mal, mi querido Erasto, te engañaron, porque ahora ya no estamos bajo la Ley; sino bajo la Gracia; y si tu obedeces la Ley de Dios, inevitablemente caes en la Gracia de Cristo.
– No lo entiendo, Diótrefes, tus palabras me hacen sentir como han de sentirse los hijos de padres divorciados, que son obligados a decidir entre papá y mamá; así me haces sentir: que, si obedezco los mandamientos de Dios, quedo mal con Cristo, y si quiero quedar bien con Cristo, Entonces necesito desobedecer los mandamientos de Dios; ¿es eso lo que me estás diciendo?
– no lo digo yo, Erasto, lo dice el Apóstol Pablo; mira, aquí en Gál.5:4 dice: “Vacíos sois de Cristo los que por la Ley os justificáis; de la Gracia habéis caído.”
– ¿lo ves?
– sí, lo veo, Diótrefes; pero creo que estás mal interpretando las cosas; porque si yo obedezco los mandamientos de Dios, no es para ser justificado; sino porque ya fui justificado; mi Señor Jesucristo me justificó con su Gracia, por su misericordia y por su Amor desde que creí, y lo recibí, por fe, como mi único y suficiente Salvador.
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13.Jn.9
2Hech.19:22
Desde entonces dejé la vida pasada de pecado; de vicio, y de desobediencia a los mandamientos de Dios, y comencé una vida nueva de santidad, de amor, y de obediencia a los mandamientos de Dios.
– Estas mal, mi querido; si tú obedeces la Ley de Dios, automáticamente te hacer maldito, lo dice Pablo aquí en Gál.3:10,11,13 dice: “Porque todos los que son de las obras de la Ley están bajo de MALDICIÓN. Porque escrito está: MALDITO todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el Libro de la Ley, para hacerlas.
Mas por cuanto por la Ley, ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto que el justo por la fe vivirá.
Cristo nos redimió de la MALDICIÓN de la Ley, hecho por nosotros MALDICIÓN, (porque está escrito: MALDITO cualquiera que es colgado en madero)”, más claro, ni el agua.
– Tus palabras me parecen altamente ofensivas, Diótrefes; no solo para mí, sino para todos los que obedecen la Ley de Dios; creo que te están excediendo, y estás cayendo en blasfemia, y en la sentencia de Jud. 10; porque yo no soy el único que obedece la Ley de Dios, incluyendo el cuarto mandamiento, que habla acerca del Sábado; de hecho, todos los hijos de Dios que menciona la Escritura, obedecieron la Ley de Dios; y tu afirmación abarca a todos los que de una manera u otra, han hecho las cosas de acuerdo a esa Ley Divina.
Recuerda que el primer Sabatista fue Dios mismo (Gén.2:1-3) y el segundo fue Cristo (Lc. 4:16) y el tercero fue el Espíritu Santo (Hech.2:1-4) y después de ellos, también los Apóstoles (Hech. 16:13) y en hacerlo, no puede haber maldición alguna; al contrario, hay bendición, porque el Sábado es el único día de la semana que tiene bendición. (Ex.20:11).
Si te fijas allí mismo donde acabas de leer, se ve que los que son de las obras de la Ley, no son los que han sido justificado por la fe en Cristo; ya que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. (Heb.9-22).
Y ahí donde dice que Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, no dice que nos redimió de la Ley; sino de la maldición de la Ley; ¿y cual es la maldición de la Ley? allí mismo dice claramente que esa maldición era para los que eran colgados en madero; y si Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, es porque él fue colgado en madero en lugar de nosotros, llevando así nuestra maldición en su propio cuerpo, porque éramos nosotros los que teníamos que ser colgados en el madero, y tener esa maldición; pero Cristo ocupó nuestro lugar en el madero de la cruz. (Isa.53:6; 2.Cor.5:21).
Pues, aunque no te guste, mi querido Erasto, Pablo dice que la Ley de Dios es una basura; mira, compruébalo tú mismo aquí en Fil.3:4-9 dice: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne, yo más.
Circuncidado al octavo día del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos, cuanto, a la Ley, Fariseo.
Cuanto, al celo, perseguidor de la Iglesia, cuanto a la justicia que es por la Ley, irreprensible.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo
Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por BASURA por ganar a Cristo.
Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la Ley; sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.” ¿te das cuenta?
– Sí, me doy cuenta, Diótrefes, y yo creo que deberías tener más cuidado con lo que dices; porque la Ley de Dios no puede ser basura; la Palabra de Dios dice que la Ley es buena (Rom.7:16) y perfecta (Stg.1:25) y santa; y el mandamiento es santo, y justo, y bueno. (Rom.7:12)
Si te fijas bien en lo que acabes de leer, verás que allí no dice que la Ley sea basura; sino que la justicia o justificación del hombre por medio de la Ley, eso sí es basura, o estiércol; porque las justicias, o justificación del hombre irredento son como trapos de inmundicia (Isa.64:6) por eso es que, por las obras de la Ley, ninguna carne será justificada (Gal.2:16) solamente Cristo nos puede justificar (Rom.5:1) porque él nos rescató a precio de sangre. (1.P.1:18,19)
– Mi querido Erasto, no hay más ciego que el que no quiere ver, yo cumplo con hacerte ver las cosas, si tú quieres seguir en el error guardando el Sábado, es cosa tuya, pero es mi deber hacerte saber que Pablo dice que esas prácticas son: débiles y pobres rudimentos; mira, aquí lo dice en Gál.4:9,10 “mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los DÉBILES Y POBRES RUDIMENTOS, a los cuales os queréis volver a esclavizar
Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años” ¿Sí la captas?
– La pregunta sería, Diótrefes: ¿De qué está hablando el Apóstol Pablo? Necesitamos ver el contexto; y en el contexto vemos que el Apóstol Pablo está hablando a los Gálatas acerca del JUDAÍSMO, y de sus tradiciones ancestrales, en las cuales hay infinidad de celebraciones Judaicas; a esas celebraciones se refiere el Apóstol; mira vamos a leer el contexto:
“Porque ya habéis oído acerca de mi conducta otro tiempo en el JUDAÍSMO, que perseguía sobremanera a la Iglesia de Dios, la destruía.
Y aprovechaba en el JUDAÍSMO sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo muy más celador que todos de las TRADICIONES de mis padres.” (Gal.1:13,14).
– O no me entiendes, o no me explico, Erasto; que eso de guardar el Sábado y todo eso, no son más que Fábulas Judaicas, lo dice Pablo en Tit.1:13,14, mira como dice: “Este testimonio es verdadero, por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe.
No atendiendo a FÁBULAS JUDÁICAS, y a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad;” ¿sí me entiendes?
Sí, te entiendo perfectamente bien, Diótrefes; pero creo que nuevamente estás mal interpretando la Escritura, porque allí mismo, donde acabas de leer dice claramente que esas Fábulas Judaicas son mandamientos de hombres; entonces no se refiere al Sábado; porque el Sábado no es un mandamiento de hombres; sino de Dios; y también te entiendo que estás tratando de convencerme de que no obedezca los mandamientos de Dios. aunque no se qué ganaría yo con eso, si lo hiciera; o quien se beneficiaría con eso, si lo hiciera; o si por desobedecer los mandamientos de Dios agradaría más a Dios, o a Cristo, o al diablo; o cual es tu interés en que yo desobedezca los mandamientos de Dios; eso no lo sé.
– ¿ya ni viendo ves, Erasto? Es por tu bien; lo que pasa es que tú no quieres reconocer que fuiste mal evangelizado, el que te evangelizó te engaño vilmente, y tú te dejaste engañar fácilmente, acuérdate que la Palabra de Dios nos previene acerca de los engañadores; en 1.Jn.4:1 dice “no creáis a todo espíritu, porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo”; y en 2Cor.11:13 dice: “Porque estos son falso Apóstoles, obreros fraudulentos, transfigurándose en Apóstoles de Cristo”, y en 1 Tim.4:1 dice que “…Algunos apostatarán de la fe escuchando a espíritus de error, y a doctrinas de demonios”; y en 2.P.2:1 dice “… que introducirán encubiertamente HEREJÍAS de perdición”, entiende por favor, Erasto.
– Lo único que te puedo decir, Diótrefes, es lo que dijo el Apóstol Pablo: “Esto empero te confieso, que conforme a aquel camino que llaman HEREJÍA, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la LEY y en los Profetas están escritas.” (Hech.24:14); además, yo no creo que haya sido mal evangelizado, ni que me haya engañado el que me evangelizó; porque a mí me evangelizó directamente nuestro Señor Jesucristo.
– ¿Si? No me digas que se te apareció Cristo para evangelizarte personalmente.
– No precisamente; lo que sucede es que cuando él vino al mundo, y anduvo predicando, yo escuché muchas veces sus enseñanzas; aunque al principio yo no quería aceptarlas, porque yo pensaba que él quería invalidar los mandamientos de Dios; hasta que un día me armé de valor y le pregunté: “Maestro bueno, ¿Qué bien haré para tener la Vida Eterna? Y él me dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno sino uno: es a saber: Dios; y si quieres entrar en la Vida guarda los mandamientos.” (Mt.19:16,17)
– ¿Entonces … tú eres el joven rico?
– Era el joven rico; pero desde que oí sus palabras, y las medité; las acepté, y decidí recibir a Jesús como mi Señor y Salvador para obedecerle en todo; e hice todo lo que él me dijo; desde entonces ya no soy el joven rico, ahora soy el joven pobre; porque rico en fe, en esperanza, y en amor.
– oh, comprendo.
DIOS LE BENDIGA.



